viernes, 19 de marzo de 2010

Y CON LOS RICOS QUE HACEMOS





El pueblo soberano ha dado su veredicto: la culpa de este sindiós la tienen los ricos.

Los ricos nos han engañado otra vez. A nosotros, honrados trabajadores que con callosas manos y el sudor de nuestras frentes cuarteadas por un sol de justicia hemos levantado el país. Todo para que ahora estos miserables nos esquilmen, que es lo único que saben hacer (el pueblo soberano no concibe otra manera de hacerse rico que no sea el aprovecharse del débil). Y es que ellos son los culpables.

No fuimos nosotros quienes nos montamos en tipos de interés anormalmente bajos para gastarnos en casas y en coches lo que ni teníamos ni (sabíamos que no) tendríamos nunca. No fuimos nosotros, los del inocente pueblo llano, quienes miraron hacia otro lado cuando se avistaban los nubarrones preñados de este diluvio que nos está ahogando, a quienes dio igual la pérdida de competitividad, a quienes trajo al pairo no haber conseguido poner a una de nuestras universidades entre las cien primeras del mundo, en tanto en cuanto pudiéramos presumir de disfrutar cada domingo de la Liga de las Estrellas. Así pues, nosotros como los islandeses, que le han dicho al cobrador del bombín y el bastón que no están en casa, que vuelvan otro día, o jamás. Nosotros como los portugueses, a freír a los ricos a impuestos, que devuelvan un poco de lo robado y financien de paso el resacón fiscal.
Está bien la canalización de la ira ciudadana hacia los ricachones. Sobre todo para aquellos que han de limpiar sus conciencias, los embargados que confían en una amnistía a la argentina o los funcionarios que presionan para que a ellos no les toque la lotería deflacionaria que siempre apedrea a los pobres asalariados del sector privado. O para los políticos, que a base de hacer ruido evitan que se posen los ojos del respetable en su delictuosa complacencia con los excesos pre-crisis.

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